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No estoy aquí: Tal vez en otra vida en la que ambos seamos gatos.


soyunpato:

En la vida nos encontramos con millones de personas; gente que vemos sin saber quiénes son, a dónde van, cómo están. Personas que nos sonríen sin conocernos, conocidos que jamás serán amigos, extraños que nos cambian la vida y amores pasajeros. Pero también están los seres como tú, que llegan y…

De frente al destino

Se dice que, nadie escapa de su destino. Pero, en realidad ¿Qué es el destino? Será ese mágico libreto, escrito mucho antes de que nosotros pisemos este mundo; ese que ya tiene dictaminados cada uno de nuestros pasos. O quizá, por el contrario, eso que llamamos destino es sólo la consecuencia de cada una de nuestras decisiones.

Tal vez, el destino, es simplemente, aquello en lo que descargamos las culpas a todo lo que nos sucede. Es una versión adulta de “echarle la culpa al de a un lado”. Es nuestro consuelo en momentos amargos. Es inevitable, implacable y, además, pareciera burlarse de nosotros en la cara.

En el otro lado de la moneda, el destino actúa como hada madrina, perfectamente idéntica a una salida de la imaginación de Walt Disney, tal vez de algún guionista hollywoodense que vive de crear fantasías para alegras vidas ajenas. El destino es la mágia que “hace que las cosas pasen”.

Si hay algo que he aprendido del destino, es que es cosa de filósofos y de idiotas. Como no soy el primero, supongo que caigo en la segunda categoría. No obstante, dentro de la estupidez he comprobado que el destino tiene 3 reglas:

Primera: No podemos escapar de él.

Segunda: que cuando nos alcanza, es porque siempre estuvo frente a nosotros, aunque como Edipo, nos arranquemos los ojos para no verlo.

Tercera: Por más que queramos decirle que nuestra vida sólo nos incumbe a nosotros, siempre acabamos paralizados, contemplando con cara de imbéciles, como se nos viene encima.

Tim Tebow: Milagro en Mile High

Tim Tebow¡No sabe pasar el balón! ¡No es un mariscal de campo para la NFL! ¡Aún no está listo! ¡No lo va a lograr!
Hay tantos comentarios de este estilo, duras críticas al flamante mariscal de campo titular de los Broncos de Denver: Tim Tebow.
Apenas en su segundo año en la NFL, el joven egresado de Florida tomó las riendas de los equinos salvajes luego en un catastrófico inicio de temporada con Kyle Orton. En realidad, la señales que indicaban que Orton no iba a producir comenzaron casi desde el primer juego.
Sin embargo, había dos personajes que no deseaban -o no confiaban en- tener a Tebow en la bolsa de protección: John Fox y John Elway, entrenador en jefe y Vicepresidente Ejecutivo de los Broncos de Denver.
No era casualidad que no encontraran a Tebow apto para ser el titular; ninguno de los dos mencionados tuvieron algo que ver en la llegada del mariscal al equipo. Para ellos su carta fuerte fue desde un principio Kyle Orton. Confiaban plenamente en que era el indicado para guiar al equipo por una campaña exitosa.
Para mala fortuna de los directivos, lo hecho por Kyle rayaba en lo patético. No tenía control absoluto de la ofensiva ni a capacidad para motivarle. El equipo estaba quebrado. Sumado a esto, el carisma del hasta ese momento mariscal suplente había enamorado a los seguidores del cuadro de Colorado. “¡Tebow, Tebow, Tebow!” era el grito más común en las gradas del Sports Authority Stadium at Mile High.
Llegó la semana 5, Broncos recibía a los Cargadores de San Diego y Kyle Orton fue el encargado de abrir el partido. Al igual que en las semanas anteriores, un desastre. Con nada que perder y abajo en el marcador 22-10, para el tercer cuarto saltó Tebow al campo. 
La multitud estaba enloquecida; finalmente lo que tanto habían pedido los fans les era concedido. Sorprendentemente, el joven mariscal se encargó de darle un golpe de vida a su equipo. Todo cambió en la segunda mitad.
Bajo el mando de Tebow en el medio tiempo que estuvo en el campo, los Broncos anotaron 14 puntos y sólo recibieron 6. Tebow lanzó 10 pases, completó 4 y mandó uno a las diagonales; además corrió para 38 yardas en 6 intentos y anotó por carrera. Fue un debut espectacular. Lo único que pudo hacerle aun mejor hubiera sido el triunfo. 
La siguiente noticia fue: Tebow se convierte en el mariscal titular de los Broncos. Así es, luego de ver el despliegue de atletismo mostrado por Timmy, John Fox y John Elway se encargaron de colocarlo en los controles. 
Vino la semana de descanso para los Broncos, durante la cual los coaches se encargaron de hacer cuanta adaptación pudieron al libro de jugadas del equipo. Lo hicieron con la finalidad de sacar provecho de las aptitudes de su nuevo mariscal.
En la semana 7, Tebow hizo su debut como titular en esta temporada. Con 161 yardas por aire, 59 yardas por tierra y lanzando dos anotaciones, llevó a los Broncos a su segunda victoria de la temporada contra los Delfines de Miami. Tim logró el triunfo, pero las críticas seguían siendo una constante. Aún nadie le daba crédito al joven mariscal de campo.
Para la semana 8, los detractores fueron dotados de fundamento. Los Broncos perdieron contra los Leones de Detroit por paliza. Sin embargo, el problema no fue del todo Tebow, quien lanzó 18 de 39 intentos para 172 yardas y un touchdown. Aun así, la crítica lo despedazó.
Pero a la semana siguiente los Broncos volvieron al triunfo. Apalearon 38-24 a los Raiders de Oakland y Tebow tuvo un desempeño muy bueno. Completó 10 de 21 pases, 2 de ellos a las diagonales. Por carrera, se despachó con 118 yardas. Y sí, como podrán imaginar, la crítica continuó.
Contra Kansas City en la semana 10, el equipo de Colorado se desempeñó mucho más por tierra que por aire. Tebow lanzó sólo 8 veces, de las cuales  completó apenas 2 pases. Uno de estos envíos fue una jugada espectacular de 56 yardas a Eric Decker, que significó el touchdown de la victoria. Sin importar el triunfo, para muchos analistas fue incómodo ver que Tebow intentara 8 pases solamente y ganar el juego.
La semana 11 representaba el fin de la ‘buena suerte’ de Tim Tebow, ya que tendría a una de las defensivas más fuertes de la liga, la de los Jets. La mayoría de los analistas daban por hecho que los Broncos caerían. Por supuesto Tebow tendría una muy mala tarde que exhibiría sus carencias.
Llegó el juego y la historia fue muy diferente. Broncos derrotó a Jets 17-13 con un espectacular drive de 95 yardas a sólo cinco minutos del final, que terminó en un acarreo de 20 yardas hasta la línea final por parte de Tebow.
 
Desde su inicio ante San Diego, tiene al equipo con 5-5, sólo a medio juego detrás de Oakland, en busca del campeonato divisional, con lo que ha revivido sus esperanzas de playoffs.
Sus números no son nada del otro mundo; su forma de pasar es quizá un poco torpe, pero este chico tiene algo que muchos ‘grandes’ no: espíritu. Definitivamente no es un jugador de NFL, pero no porque no pertenezca a ella, simplemente porque nunca había encontrado a alguien como él.
El día de hoy sigue habiendo quien critique a Tim Tebow. Tal vez tienen razón en que no es el mejor de los pasadores, pero lo que todos ellos no ven es el impacto que ha tenido en el equipo, en los aficionados, en toda la liga.
Toda la historia en colegial quedó atrás, su éxitos son ahora sólo estadística. Hoy comienza su historia en la NFL y parece estar dispuesto a superar todo y a todos; hará lo que sea necesario, incluso, milagros.

Pacquiao vs Márquez: El robo creado por los medios mexicanos

Márquez recibió más golpes de los que pudo dar/ Foto: PasiónSports.comVaya robo el que se vivió el sábado 13 de noviembre de 2011, y no me refiero al robo en el cuadrilátero. Hablo más bien del robo del que hemos sido víctimas por parte de la televisora encargada de transmitir la pelea  entre Juan Manuel Márquez y Manny Pacquiao.
Ví la pelea de principio a fin, incluida la ceremonia previa en donde nos endilgaron a Christian Castro como cantante del Himno Nacional. Round tras round puse mi completa atención en cómo se iban desenvolviendo los peleadores. Ví a un Pacquiao que estaba al acecho (a medio gas) y a un Márquez que se enroscaba para contra atacar al filipino al menor descuido.
Fue una pelea muy apretada. Honestamente creo que la pelea fue tan buena debido a la combinación de ambos peleadores: Un Márquez excelentemente preparado contra un Pacquiao que no esperaba que un hombre nueve años mayor le compitiera de la forma en que el mexicano lo hizo.
No me considero un experto en boxeo, ni mucho menos, pero lo que mis ojos vieron esa noche fue que PacMan golpeaba más que Márquez. A pesar de esto, la tarjeta de puntaje hecha por el experto de la televisora, no paraba de dar 10-9 en favor del mexicano. Además de un tipo sentado en la mesa de a lado mío gritando -¡ESO! En cada ocasión que Márquez soltaba el guante.
No lo podía entender. Todo el bar estaba alegre disfrutando como Márquez “iba ganando” la pelea; round por round. El ánimo crecía conforme los comentaristas daban por hecho que nuestro peleador estaba siendo mejor. Yo seguía sin verlo así.
La tónica de los doce rounds fue la misma. Comentaristas patrioteros favoreciendo cada buen golpe del mexicano y minimizando lo hecho por el filipino. La gente guiada por las voces en el televisor a creer que Márquez había superado a Pacquiao.
No fue hasta que llegó el momento de la verdad, al final de la pelea, que pensé: ¡Oh, tuve razón!
Los jueces dieron sus resultados. La victoria clara para el filipino: 2 tarjetas a favor, una en empate (116-112, 115-113, 114-114).
Fue precisamente en ese momento cuando se desató el caos. Los analistas de la televisión comenzaron a gritar que era un robo, que Márquez era claramente el ganador. Gritaron, arrojaron lo que tenían a la mano, hicieron berrinche y demás. Al igual que con los comentarios dentro de la pelea, la gente se contagió. Todo el bar, excepto un par de chicas filipinas, coincidían: FUE UN ROBO.
Hoy lunes, comenté con algunos amigos mi punto de vista sobre la pelea. Fui linchado con reprendas y gritoneos. -No sabes de box, estás tonto. Márquez le rompió el… a Pacquiao- Me decían. Por un momento pensé: Tal vez me equivoqué.
Por lo tanto me dispuse a ver de nuevo la pelea. Ahora sí, con toda calma y el apoyo del fast forward, el rewind y la cámara lenta. Me pasé el día viendo detalle a detalle la pelea. Pero como mi idea original seguía intacta, decidí ir más allá. Leí todos los artículos del tema y me encontré que todos los medios mexicanos consideran que fue un robo; mientras que la prensa internacional consideró que el resultado debió ser un empate.
Durante mi muy larga búsqueda me encontré con otro avance tecnológico. Uno del que ningún medio ha hablado, ni hablará. No lo hacen por el simple hecho de que este pequeño programa de cómputo desecharía su teoría de conspiración. El gran avance del que les hablo se llama Compubox.
Es, como lo mencioné, un programa de cómputo que utilizan las televisoras que trnsmiten las peleas de box. Este, contabiliza los golpes lanzados por los boxeadores, los golpes acertados, el tipo de golpes, así como los golpes de poder (aquellos que de verdad hacen ver estrellitas).
De acuerdo a los resultados del pequeño artefacto, Pacquiao ganó la pelea. Veamos por qué:
Márquez tuvo un total de 436 golpes lanzados, de los cuales, solo acertó al cuerpo del filipino (en zonas donde cuentan los golpes) en 138 ocasiones. De esos 138 golpes, 38 fueron en combinaciones, jabs y golpes ligeros. Los otros 100 fueron golpes de poder, categorizados así por el grado de daño que hacen, sin importar si es un recto, un upper, etc. Estos números son bastante buenos.
Pero simplemente lo hecho por el aún campeón, fue mejor. PacMan lanzó 578 golpes, de los cuales, 176 fueron recibidos por Márquez. Del total de los golpes, 59 fueron en combinaciones y jabs ligeros. Muchos, sí, pero los golpes de poder también fueron sorprendentes. Un total de 119 golpes de poder fueron los que Pacquiao dejó caer sobre Márquez.
Los números no mienten y, repito, de acuerdo a los números, Manny Pacquiao es un justo vencedor. El robo no se dio en el ring. El verdadero robo fue transmitido a nivel nacional, desde la mesa de los comentaristas. Donde, con un sentido más patriotero que otra cosa, comenzaron a clamar por una victoria para el púgil mexicano. Una victoria que no existía.
 
Márquez dio la pelea de su vida, fiel a su estilo de contragolpeo, pasó la mayor parte de la pelea caminando hacia atrás. Sí, conectó buenos golpes, pero siempre tuvo al filipino encima de él. Así, simplemente lo hecho por el mexicano no fue suficiente para retirarle el cetro de campeón, por mucho que los medios traten de convencernos de ello.

¡Ay Oribe!

Normalmente, Oribe Peralta falla tres oportunidades claras de gol, antes de anotar uno.  A partir de ahí surge la frase “¡Ay Oribe!”, atribuida a la falta de definición del delantero mexicano.
Ayer todo fue diferente, Oribe jugó un partidazo en el Omnilife cuando México enfrentó a Costa Rica. Tres goles anotados y líder de goleo del certamen. Además guió a la selección mexicana a la final de juegos Panamericanos, partido al que no llegaba desde Winnipeg 1999.
He de confesar que Oribe Peralta es uno de los jugadores que menos me gusta su desempeño, sin embargo ‘honor a quien honor merece’ y vaya que lo ha ganado a pulso el flamante delantero del Santos Laguna.
El primero, una joya. Recorriendo por derecha, hizo un corte hacia el centro y metió tremendo zurdazo. El balón hizo una curva providencial que se encajó  en el ángulo izquierdo del marco defendido por el tico Briseño.
Ayer era el día de Oribe, un gol no iba a bastarle.
El segundo gol, siguió la tónica del primero. Jerónimo Amione se coló por derecha y estando solo enfrentando al arquero Briseño, decide dar un suave toque a Peralta, quien se encontraba unos pasos delante del manchón penal, con un jugador en la marca. El delantero mexicano recibió con una espectacular  vuelta de 360 grados y acabo rematando machucado. El balón se coló dramáticamente entre las piernas, tanto del defensor como del arquero, entrando en cámara lenta.
El partido entró en un bache futbolístico, se atascó en medio campo. Dos goles, aún no eran suficientes para el delantero nacional, que continuó buscando el marco tico.
Comenzando el segundo tiempo, en el primer cobro de falta de los segundos 45 minutos. Oribe remató de cabeza con total libertad. El resultado: El tercer gol de México, el tercero del Cepillo
Peralta estaba crecido. Subía, bajaba. Marcaba, atacaba. Se encontraba en todos lados del césped del Omnilife. Las pantallas no se cansaron de enmarcarlo. La gente coreaba su apellido. Los ticos no tenían idea de cómo detenerlo.
El resto del segundo tiempo, llegaron más oportunidades.  Sí, Peralta falló, tranquilamente, un par de oportunidades más. Pero que le podemos reclamar a un jugador que ya llevaba en sus huestes un hat-trick.
No cabe duda que desde la salida de Christian Benítez del club lagunero, el ariete mexicano ha tenido un despunte fenomenal. Tan solo un par de años atrás, Oribe Peralta no era, siquiera, un delantero titular en los equipos en los que jugó. Hoy en día, no conforme con ser titular en su club, lo es en esta selección juvenil. Una selección que encontró al líder que necesitaba en su persona.
Definitivamente hoy se grita: ¡Ay Oribe! La diferencia radica en que en lugar de hacerlo a manera de reclamo, hoy  es por algarabía.


Kereem Ruiz
kereem.ruiz@pasionsports.com
kereem.ruiz@digifut.com
kereemruiz@gmail.com



ACCLAIM


Estudiante de UVM Campus Tlalpan. Con más de 2 años de experiencia en medios deportivos y e.medios



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